En estas últimas semanas la
opinión pública de este país, se mostraba
sobrecogida por la noticia del suceso ocurrido
en un pueblo pontevedrés, en el que un hombre en
un permiso penitenciario, asesinaba a su
compañera sentimental, hería de gravedad a un
matrimonio vecino e intentaba asesinar a su
exmujer y a sus cuatro hijos e hijas.
Días más tarde conocíamos el
suicidio del asesino en la cárcel.
La ecuación es sencilla: muere uno / viven cinco
-por los menos- por que al parecer, el presunto
tenía enfilados a un policía y varios vecinos, a
los que él responsabilizaba de alguna manera, de
la condena que en su día le fue impuesta.
En la asociación Maeve este lamentable suceso
nos trae a la memoria, las innumerables
ocasiones en que tras la puesta en libertad del
maltratador – ya sea provisional o definitiva-
es la libertad de la mujer la que queda
seriamente restringida, siendo incluso necesario
en algunos casos, su ingreso en una casa de
acogida, a fin de reforzar su seguridad,
preservando su paradero en el anonimato. Y es
que –lamentablemente- hay supuestos en los que
únicamente libera a la mujer maltratada, la
muerte de su verdugo.
También se pone de manifiesto -una vez más- las
deficiencias en la cadena de protección de las
mujeres, ya que sólo el azar impidió una
auténtica carnicería.
A punto de dar comienzo el año 2009, desde Maeve
pediríamos aunar esfuerzos para proteger la
libertad y la vida de las mujeres. Ahorraríamos
así, mucho dolor.