En estas fechas próximas a la
conmemoración el próximo día 25 de noviembre del
Día Internacional contra la Violencia de Género,
no me gustaría dejar pasar la oportunidad que
desde este periódico se nos brinda, para plasmar
algunas reflexiones sobre un aspecto de este
tipo de violencia que, desde nuestra asociación
consideramos constituye un importante escollo,
para la comprensión por nuestra sociedad de
algunas actitudes de una mujer maltratada.
A menudo las mujeres víctimas
de violencia de género son sometidas a críticas
tanto por la sociedad como, lo que es todavía
más grave, por los y las profesionales
implicados en el tratamiento de la misma,
tachándolas de incoherentes cuando, fruto de su
deterioro psicológico y con su voluntad
totalmente disminuida o incluso viciada, tratan
de impedir que el peso de la ley caiga sobre su
agresor, bien retirando denuncias, bien
solicitando indultos, bien el cese de las
medidas o penas de alejamiento que se hubieren
acordado.
Se olvidan con ello que desde
hace siglos, en nuestra sociedad patriarcal a
las mujeres se nos han inculcado valores tales
como la comprensión, la empatía, la
conciliación, el perdón (ya saben lo del “reposo
del guerrero”), haciendo recaer sobre ellas la
responsabilidad de que una familia vaya adelante
o fracase. A través de la escuela, los libros,
la catequesis, la Iglesia, la familia… se nos
han potenciado actitudes de pasividad y
resignación.
Quién, ante el ataque de furia
de un hombre, no recuerda frases, como “mujer
son repentes”, “los hombres son así”, “hay que
comprenderles porque están sometidos a muchas
presiones… “
En cambio, en la Asociación Maeve sostenemos que
a las mujeres maltratadas, se les exige una
coherencia que la propia sociedad no tiene y,
siendo varios los argumentos que tenemos para
sostener dicha afirmación, en sucesivas
ediciones de este periódico tendremos el gusto
de compartirlos con tod@s vosotr@s.