Reflejábamos en la edición
anterior de este periódico, la osada actitud que
una parte de nuestra sociedad mantiene al exigir
coherencia a las mujeres víctimas de la
violencia machista.
Coherencia, es lo que deberían exigirnos ellas
porque, después de haber grabado a fuego en sus
mentes todos aquellos valores de conciliación,
empatía, comprensión y actitudes de resignación,
ahora les exigimos firmeza, que no vacilen, que
no retrocedan, que hagan tabla rasa de
presiones, sentimientos de culpa, amenazas,
mensajes más o menos subliminares de su entorno
o directamente del maltratador, cuando quebranta
las medidas o las penas de alejamiento y
prohibición de comunicación con su víctima.
Por utilizar un símil de fácil
comprensión en una cuenca minera como la
nuestra, es como sí a un minero que ha estado
atrapado bajo el carbón unos cuantos días, a su
salida al exterior de la mina tras el rescate,
le advirtiéramos ¡hombre vale, lo has pasado muy
mal todo este tiempo pero ahora, ¡atención! ¿eh?
que vas a ver la luz, así que no se te ocurra
parpadear, porque debes aprovechar que ¡por fin!
el horror ha pasado.
Seguro que a tod@s nos
chocaría la rigidez de esta exigencia.
Naturalmente que después de
tiempo “sin ver la luz” la actitud es de
parpadeo, de vacilación, porque la adaptación a
esta nueva situación, sin duda más positiva,
requiere esfuerzo.
Si todavía quedara alguna
reserva al respecto, os seguiremos exponiendo
nuestros argumentos en la tercera y última parte
de este artículo.
Como ello será ya el próximo
año, nos despedimos con la ferviente esperanza
de que el año 2008 llegue cargado de ánimo,
fuerza, decisión y tranquilidad para todas las
mujeres que sufren violencia.