LA LISTA DE LA VERGÜENZA

 

       Alexandra, Mª Dolores, Cristina, Yolanda, Lucía…, son las mujeres que apenas empezado el año encabezan la dramática, conmovedora, trágica, desgraciada, pero sobre todo vergonzosa lista de víctimas mortales de la violencia machista.


       De ellas, una pudo ser rubia, otra morena, delgada, alta, baja, con estudios universitarios, de grado medio, básicos, pero todas ellas tienen un común denominador: pertenecer a un mismo género.

       Otro dato que llama la atención, -¿quizás demasiado?-, al analizar las circunstancias personales de cada una de esas mujeres es el elevado porcentaje de nacionalidades extranjeras.


       Este hecho, no es sino un indicador más de que la violencia de género es una violencia de carácter ideológico, cuyo caldo de cultivo es la consideración de la mujer como un ser inferior al hombre y por tanto disponible por él, disponible su cuerpo, disponible su mente, disponible su destino … disponible su vida.


       Resulta innegable que existen países en otros continentes en los que las desigualdades entre sexos están más acusadas. Países donde la mujer se encuentra totalmente subyugada al hombre.
Sin embargo, sería peligroso focalizar este problema en la población inmigrante.


       En el llamado primer mundo (dentro del cual se supone que nos encontramos), existe una sospechosa tendencia a situar las miserias humanas en lo que se ha dado en llamar el tercer mundo.
Ello no debería llevarnos a bajar la guardia, descargando la tendencia al alta de los últimos años, en la población inmigrante.


       Además, ningún estudio riguroso sacaría conclusiones tomando como muestra las primeras semanas del año. Debemos tener igualmente en cuenta que en ocasiones aunque la víctima sea extranjera, (no necesariamente inmigrante) el agresor es español o viceversa.

       Algunos aprovecharán que el Pisuerga pasa por Valladolid para cargar las tintas contra la Ley Integral. Se les puede argumentar que el Código Penal lleva decenas de años aplicándose con el resultado por tod@s conocido y nadie pide por ello su derogación.

       La lucha contra la violencia de género es una carrera de fondo en la que no faltarán los obstáculos. El necesario cambio de mentalidad de una parte importante de nuestra sociedad, hace que los resultados no se esperen a corto plazo.


       En cualquier caso, es innegable que el sistema sigue fallando. Si los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, fueran realmente especialistas; si la asistencia psicológica especializada fuera inmediata evitaríamos que la mujer diera otra oportunidad a su agresor; si la vigilancia de medidas y penas de alejamiento fuera rigurosa, se impedirían reiterados quebrantamientos que tanto perturban la recuperación de la mujer.

       Como en años anteriores, los medios de comunicación se afanan en llevar la cuenta como si de un problema matemático se tratara y dependiendo de la fuente consultada, obtendremos cifras distintas.

        Es muy posible que cuando estas letras vean la luz alguna otra mujer se haya incorporado a la fatídica lista, mientras nuestra sociedad parece resignada a llevar el escalofriante cómputo con la ya manida pregunta ¿cuántas van ya?