VIOLENCIA DE GÉNERO Y CRIMEN DE PIEDAD

 

A menudo aparece en los medios de comunicación, la noticia de que un hombre de edad avanzada, dio muerte a su esposa o compañera. 

Sin ánimo de profundizar en esta ocasión, sobre el tratamiento de la Violencia de Género en los medios de comunicación social (lo cual merecería un capítulo aparte), al abordar este tipo de noticias, muy pronto se sostiene con total rotundidad, la imposibilidad de encuadrar este tipo de muertes dentro de la llamada Violencia de Género, al existir motivos piadosos, para que el anciano diera muerte a su anciana compañera. 

Pues bien, comenzaré afirmando que el crimen piadoso es aceptado como concepto en el estudio de la conducta humana. Pero dicho esto, me gustaría llamar la atención sobre una serie de cuestiones que me chirrían cuando analizo este tema. 

Por un lado, las personas que llevan a cabo estos actos de piedad son siempre hombres, y las muertas, mujeres.

Por otro, si son las mujeres quienes desde tiempos remotos tienen asignada la tarea de cuidadoras, por qué no se cometen este tipo de actos por mujeres; por qué cuando ellas se sienten desbordadas y abrumadas por una concreta situación, no deciden acabar con la vida de la persona enferma, sino que siguen adelante con los cuidados, hasta el final del proceso. Acaso ¿somos menos piadosas las mujeres? 

En algunos casos me asaltan dudas, sobre si lo que se pretende es liberar a la mujer de sufrimientos o, si en realidad, quien desea liberarse es el liberador. Reconózcanme al menos, el peligro que comporta el hecho de que a una la quieran liberar, sobre todo, si se obvia un pequeño detalle, cual es la voluntad de la mujer liberada. 

Desde siempre se ha tomado con cierto desasosiego por los varones el hecho de que la mujer esté enferma. Estoy segura, que las lectoras de estas líneas se han sentido culpables en más de una ocasión, porque una dolencia les impide estar a pleno rendimiento y no poder atender a su familia, como a ellas les gustaría.   

          En otras ocasiones, resulta que la persona supuestamente liberada  según manifestaciones de sus vecinos daba paseos con habitualidad, o se encontraba perfectamente atendida en una residencia de la tercera edad. No parecen compatibles estos datos, con la situación de horrendo sufrimiento de la que el anciano las liberó. 

De otros supuestos se deduce por la información facilitada, que la abnegada entrega del marido liberador consistía en “hacer los recados” o ir al Centro de Salud “a recetar”. De otro lado, el hecho de que por los vecinos se califique a la pareja de matrimonio totalmente normal, no me tranquiliza en absoluto porque así se califica al maltratador en la mayoría de los casos. 

Estas y otras reflexiones me llevan a considerar con preocupación, que podemos encontrarnos ante una nueva forma de justificación o comprensión de la muerte de una mujer, a manos de su marido o pareja, con el obstáculo que ello supone en la consecución de ese, ya viejo objetivo de las Naciones Unidas, de TOLERANCIA CERO a la violencia contra las mujeres. 

Puede ser que nos encontremos simplemente, ante una manifestación más del deseo de control del varón sobre su mujer, que no puede soportar la idea de que ésta le sobreviva.

En una sociedad en la que cada vez existen más recursos sociales, parece difícilmente comprensible, que un hombre se crea imprescindible para la supervivencia de su mujer y no vea más solución al problema de asistencia, que matarla.    

          Difíciles de digerir son también, las reflexiones de pena y compasión que se prodigan acerca del piadoso criminal.   

         Ahora que lo pienso, me voy a apresurar en dejar claro que si un día estoy malita..., ¡a mí, que no me quieran tanto!

 

  

                                                                                     Marina González Lada

                                                                                       Asociación Maeve